La curva / #TOMKSK

La curva / #TOMKSK

20 junio, 2018 0 Por Tomas

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.-Papá, mira!.
Iba con mi hijo de 12 años.

El tren discurría tranquilo y reposado, como sin prisa, por las doradas llanuras de los trigales de Castilla. Cada cinco minutos descubría algo nuevo en el poco cambiante paisaje por el que circulábamos. Cada cinco minutos interrumpía el sueño que intentaba conciliar, pero le hacía caso. Porque era mi hijo, pero sobretodo porque me gustaba descubrir en él ese espirítu inquieto, curioso y poco conformista que caracteriza a los hombres de acción. Quién sabe… tal vez un día…

Había cogido ese tren, en una promoción de la compañía ferroviaria porque hacía un recorrido de época: un tren tirado por una reluciente locomotora de vapor abriendo paso a quince vagones de madera al estilo de 1900. La única diferencia es que toda la mecánica y los dispositivos de seguridad eran actuales, motivo por el cual las ventanillas no podían abrirse.

.- Papá, me prometiste este viaje porque querías que viera como viajabas tú de niño. El tren de vapor y todo eso, pero solo he visto la locomotora en la estación y ya no podré volver a verla hasta que lleguemos al final. (Lisboa).

.- Vaya M.!

Me supo mal, porque Luisongo,que así se llamaba mi retoño, tenía toda la razón. Le había embarcado en un viaje de dos días para que pudiera disfrutar de un auténtico tren como los del oeste americano y desde la ventanilla solo podíamos ver el paisaje -que no es poco- pero ni el resto de vagones, ni mucho menos la máquina que iba allá, en la cabeza del convoy. Si hubiéramos podido asomar la cabeza por la ventanilla…

Anochecía, el trigo ya no se mecía, como preparándose a dormir la noche castellana. El cielo allá adelante, al oeste hacia donde nos dirigíamos enrojecía tal vez por el cansancio de haber estado alumbrando todo el día.
Me sumé al letargo del trigal, cerré los ojos y me dejé mecer por el suave traqueteo del tren sumergiéndome en confusos recuerdos de mi niñez. Un ligero olor a carbonilla ponía el broche final al reparador sueño en el que estaba a punto de sumergirme.

.- Papaaá!, Papá!… mira!!!
.- Mira. mira, Papá!, la maquina!!!
.- Estoy viendo la máquina. Mira, mira como echa humo…!!

Salí de mi dulce letargo sobresaltado por los gritos de mi hijo. Cómo iba a estar viendo la locomotora si estaba allá delante. Como no la estuviera viendo con rayos X a través de todos los vagones…

Abrí definitivamente los ojos. Los dos. Me froté los ojos y me acerqué a la ventanilla a través de cuyo cristal mi hijo miraba exaltado hacia el exterior. y… efectivamente allá, a unos ciento cincuenta metros se veía perfectamente la locomotora, negra, reluciente, echando penachos de humo blanco que se teñían de naranja sobre el horizonte del anochecer. Se veía la locomotora, y hasta siete vagones que la seguían.

.-Papá, sabes que ha pasado?. Que tontería, estamos tomando una curva, una gran curva que hace que desde este último vagón podamos ver casi todo el tren !!
.- Que Guai !!.

Bueno, ahora es cuando apeados ya del tren, en mi estudio de Sabadell mirando las fotos de ese viaje, sonrío y pienso lo negativos que pueden llegar a ser los prejuicios, la experiencia, el convencimiento de que lo que “siempre ha sido así”, así va a seguir.


Ya sabes…

Si quieres entrar por la puerta correcta en el proceso de transformación digital de tu empresa, olvídate de la cómoda recta de toda la vida. Modifica el trazado y prepárate a ver tu empresa desde otra perspectiva. Habrás dado el primer paso acertado para iniciar tu viaje a la competitividad.

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