Es peligroso asomarse al exterior / #tomksk

Tengo recorrido suficiente para recordar perfectamente, y no negaré que con una cierta nostalgia, aquellos mágicos trenes de vapor que nos llevaban de aquí para allá y en los que viajar era una auténtica delicia y casi una aventura en la que podías disfrutar del paisaje y de una entretenida conversación con tus vecinos de compartimento.

Recuerdo como si ahora mismo estuviera en ellos,  aquellos antiguos vagones de madera de la RENFE en los que las ventanillas -tipo guillotina- podían abrirse, y en las que nunca faltaba una placa metálica en la que se leía esta advertencia: es peligroso asomarse al exterior. (En aquella época había quien ironizaba con el letrero de marras y lo hacía extensible a la ostracionista política del regimen al que no le interesaba demasiado que los ciudadanos conocieran lo que ocurría en el exterior.)

Hoy, en la era de la digitalización y en pleno auge del proceso de transformación digital algunos CEO parece que aún viajen en esos románticos trenes que discurrían tranquila y perezosamente por un paisaje empresarial estable y muy poco cambiante. Digo que parece que estén viajando en esos antiguos trenes porque a lo largo de su  trayectoria empresarial se han centrado casi exclusivamente en su empresa, en su producto y en su manera de gestionar la empresa sin haberse asomado jamás al exterior.

¿Y qué les ha ocurrido?

Pues lo que al pobre Hiroo Onoda: el soldado japonés que tampoco se asomaba demasiado al exterior y no se enteró que la segunda guerra mundial había terminado. El pobre y disciplinado soldado se pasó casi 30 años escondido en la selva, sobreviviendo a base de plátanos y cocos en una remota isla del Pacífico. Su regreso al mundo en 1974 fue algo complicado para él.  En sus treinta años de ostracismo se había perdido todos los avances tecnológicos y culturales de los que el resto de la humanidad estaba disfrutando. Y lo que es peor, había perdido la capacidad de adaptarse.
Para Hiroo Onoda asomarse al exterior demasiado tarde, f
ue como aterrizar en un nuevo mundo lleno de cosas y comportamientos desconocidos e incomprensibles a las que jamás llegó adaptarse.

Acabo de afirmar que algunos CEOs (sólo algunos?) están  viviendo aún la experiencia de la ventanilla abatible. He dicho CEOs pero debería haber dicho gerentes, dueños, jefes, amos… porque eso de CEO (Chief Executive Officer) es un concepto del SXXI que implica un modelo de gestión y una capacidad de adecuación al cambio que no es precisamente el distintivo principal de esos dirigentes cómodamente instalados en sus vagones de madera, cumpliendo a rajatabla la recomendación de no asomarse al exterior.

En fin, es lo que hay.
O al menos lo que me voy encontrando por ahí, más veces de lo que desearía.

Mi consejo final de belleza es que aunque viajes en AVE o en avión, abras la ventanilla y mires de vez en cuando al exterior, llegarás mucho antes y mucho mejor preparado a tu destino.

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