Crónicas desde mi Azotea / Se tiene que poner piel

Crónicas desde mi Azotea / Se tiene que poner piel

25 julio, 2018 0 Por cocin4

Buenos Aires
11 diciembre 2007
Recuperado de mis “Crónicas desde mi Azotea”
EN FASE DE REMASTERIZACIÓN

 

La otra tarde andaba yo por Buenos Aires asombrándome de mi falta de asombro (y esto no tiene nada que ver con mi anterior crónica). Y es que en Buenos Aires a pesar de estar tan lejos de Barcelona como Shanghai todo parece familiar. La ciudad recuerda a Madrid con toques de París, la gente es de corte y aspecto europeo en su mayoría y encima hablan español, casi nada. Solo el hecho de que están en primavera y que cuando quitas el tapón de la bañera el agua gira al revés en su remolino vaciador, te recuerdan que también estás en el paralelo treinta y cuatro pero del hemisferio sur.

Bueno a lo que íbamos. Por la mañana había dado una charla sobre algo que denominé ‘El Cluster en Red’, y que a pesar de su título, abogaba por el valor de la relación personal, el networking presencial, frente al email, al Chat, incluso a la videoconferencia como elemento indispensable para optimizar una red social y para garantizar una adecuada tasa de transferencia de conocimiento y un eficaz establecimiento relaciones profesionales.

Era mi primera visita a Argentina. Después de mis últimos periplos por los EEUU, India y China estaba terriblemente agradecido a Colón,  Juan Díaz de Solís, Pedro de Mendoza y el resto de colonizadores el haber impuesto la lengua de Cervantes en estas tierras, la misma lengua que anteayer el rey Juan Carlos sugirió contener al presidente venezolano.

Decía que me hallaba tan a gusto hablando la lengua de Quevedo. Hablando a la vez que escuchaba uno de esos románticos y tan sentidos tangos que  Rosalinda Duero cantaba a toda voz en la tanguería a la que mis anfitriones me habían llevado.

Como continuación de mi ponencia de la mañana conversaba con ellos sobre el valor de la relación interpersonal, del apretón de manos, de la ceja que se enarca en un gesto de asombro o de la sonrisa contenida ante un comentario equivocado… en fin del valor de la presencia, del lenguaje no verbal que de momento no recoge aún la web 2.0 a pesar de los emoticones.

Conversaba con ellos mientras Rosalinda cantaba .-…en el amor, se tiene que poner piel… decía el tango en ese momento y su rostro y sus manos expresaban el valor del abrazo, la caricia. Rosalinda deshacía su figura en una sentida contorsión a favor del tacto.

Bla, bla, bla…